La toma de conciencia, es un aspecto que carece el pueblo de México

La consulta popular y la conciencia nacional

Después de los resultados de la consulta popular realizada el 1 de agosto estuve charlando con varios colegas y áreas afines a las ciencias políticas y sociales para que me dieran su opinión en relación con este plebiscito que, dicho sea de paso, es un ejercicio de la democracia participativa. No me extrañó en absoluto que la mayor parte -por no decir todos- opinaban lo mismo, es decir: que la democracia representativa en México ha sido todo un éxito y que, la cultura política de los mexicanos no puede imaginar -todavía- ejercicios políticos-sociales como la consulta popular para enjuiciar a expresidentes.

Y, tiene, pues, mucha razón este argumento, sobre todo que, la actividad política mexicana tiene mucha mayor participación cuando se habla de elecciones en sus diferentes niveles de representación, y, haciendo énfasis en la elección a presidente de la república. La cultura política en México es una procedimental, es decir, el ciudadano ejerce poder de decisión cuando existen elecciones y se olvida, por así decirlo, de su relación y participación con el quehacer político.

Por eso destaco que lo más importante de un proceso social auténtico de la democracia participativa, es, en esencia la toma de conciencia, aspecto que carece el pueblo de México. Es decir, que el pueblo mexicano esté politizado y tenga la conciencia suficiente para poder involucrarse política e ideológicamente, es decir, tomar partido de las causas políticas.

El primero de agosto no existió un entusiasmo en las calles como sucede en las elecciones a representantes populares o cuando se elige al presidente de la república. Pareció un domingo cualquiera, sin público, por la Pandemia, y sin la conciencia de participación ciudadana. Un fracaso y evidencia de nuestra poca cultura política.

También hay que decir que muchos de los 30 millones que votaron en julio del 2018 por la transformación de la vida pública están en descontento con esta. Ha estado ganando terreno los partidos que, ahora, son oposición. Y esto hay que recalcarlo porque, buscarán, por todos los medios posibles, recuperar la dirección política, ideológica y cultural de México.

Morena y sus actores políticos se han montado sobre un triunfalismo falso y deben de dejar de vivir en esa mentira, porque, cada mentira que contamos es una deuda con la verdad. Y sobre todo en política debe de prevalecer el realismo político en su máxima expresión.

Hay que modificar la forma de hacer política de los partidos políticos que han estado anteriormente en el sistema de partidos y, poner, ya, a los cuadros verdaderamente constituidos al frente del partido en el poder. No es una petición, es necesario. Las decisiones en política tienen consecuencias.

El liderazgo moral y político de AMLO culmina dentro de 3 años. Se retirará del escenario político como un grande, como, por ejemplo, Nelson Mandela. En Sudáfrica después que Nelson Mandela se alejó de la política, por causas de enfermedad, cansancio, etc., el Partido no se trazó una política objetiva y crítica para el fortalecimiento de la continuidad histórica por eso, hoy vemos cómo está ese país y su población, siguen discriminados y reprimidos. Hay que tener algo bien claro: el líder carismático que ejerce la presidencia no es Morena, es decir, el partido debe de institucionalizarse. Esa es la tarea más ardua del partido como intelectual colectivo, a palabras de Antonio Gramsci, es decir, de dirección política, ideológica y cultural.

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